domingo, 27 de junio de 2010

Así como siempre presto mis oídos al resto, me gustaría que ellos lo hagan conmigo. No, no les reclamo absolutamente nada, supongo que me genera un extraño placer esto de tener palabras de "consuelo" para todos, pero...estoy sola (¿realmente lo estoy?), no estoy bien, no estoy mal.
Ocho horas cincuenta y cuatro minutos: comienzan a hablarme de sus dilemas situacionales (no quiero escucharlos, pero debo, me adueñé del rol). Y todos los que alguna vez dijeron "ahí voy a estar, cuando me necesites" este año hicieron un gran acto de AUSENCIA.
Me encantaría tener palabras para mis indignantes días, pero carezco de ellas. He notado que tengo discursos para todos menos para mí...al menos hoy.

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